Estudiando Kinisiología

Casi todos, de niños tuvimos algún familiar al que le teníamos un cariño especial; porque nos mimaba; o jugaba con nosotros, o solamente porque era simpático y querible. Yo la tuve, y gracias a dios la sigo teniendo; es mi tía; mi adorable tía Claudia. Mi tía es la menor de cuatro hermanos; mi mama, que es la mayor; dos hermanos más, y después llegó ella. Un poco con atraso, tanto es así, que solamente me lleva nueve años. Si yo, siempre tuve un cariño especial por ella, mucho es porque se lo ganó; cuando iba a casa de la abuela, siempre encontraba tiempo para estar conmigo, si tenía que salir casi siempre me llevaba y me mostraba orgullosa a sus amigas. En fin, me hacía sentir cómo algo especial. Practicaba yudo y cuando iba a la academia me llevaba. A los cuatro años me compró el primer quimono, era la monada de sus amigas, me enseñaba ciertas llaves que cuando se las hacía, no se cómo se las arreglaba, pero caía en el tatami como si realmente yo fuera la causa. Era alegre; voluntariosa; independiente; dispuesta; hermosa; para mí, en ese tiempo no sabía buscarle adjetivos, pero todo lo que fuera bueno lo tenía ella. De más está decir que también me anoto en yudo, y cuando tenía algún problema (cosas de niñas pequeñas) le preguntaba a ella, tenía una paciencia infinita cuando de mí se trataba, y nunca estaba apurada cuando necesitaba algo. Me consentía mucho, y yo se lo devolvía con la devoción que podía sentir por una diosa, me explicaba las cosas con infinita dulzura, y nunca me reprendía, más bien me enseñaba. Bueno, una vez me reprendió y me hizo llorar como nunca había llorado con ella. Representaba a la academia en los torneos regionales, y por su temperamento siempre era una de las favoritas para llevarse el primer premio; pero había una chica de un club, que también era muy buena, y ambas llegaron a la final; fue una lucha muy peleada, parecía que no iba a tener definición, pero por impaciente, mi tía arriesgó más de lo aconsejable y la contrincante le entró con una toma, que por lo mínimo, le dio la victoria. Creo que fue la primera vez que odie a alguien, para mi esa chica representaba todo lo feo que podía haber en el mundo. Mi tía se lo tomó como si nada y me calmó, convenciéndome que, en el deporte, eso era lo más común, lo cual no hizo que la quisiera mejor a la otra chica. En el torneo siguiente volvió a pasar lo mismo, nada más que esta vez la que se descuidó fue la otra, y la que ganó fue mi tía. Yo loca de contenta no se me ocurrió mejor idea qué ir a burlarme de su contrincante, cuando se dio cuenta mi tía, me reprendió hasta hacerme llorar y me hizo pedirle disculpas. La chica le quitó importancia, pero al ver que no paraba de llorar, se agachó y me dio un beso y nos invitó a tomar un helado cuando saliéramos. Fuimos las tres a tomar los helados, se llamaba Elisa y termine dándome cuenta que era muy buena chica, y también muy guapa, tanto así que se hicieron amiguísimas.  Cuando mi tía pasó el selectivo se fue a la ciudad para estudiar kinesiología, para mí fue un duro golpe, tenía nueve años y estaba tan acostumbrada a ella, que lo viví cómo una tragedia, me tuvo que consolar, y prometerme que cuando viniera me iba a llevar a casa de la abuela para estar con ella; y así lo hizo. Cuando venía eran días de fiesta, dormir con ella era el mejor regalo, me mimaba, me aconsejaba, en fin, era mi diosa y mi guia; quería ser como ella. A parte de todo lo que me pareciera en esos tiempos; la verdad que siendo objetiva, era de reconocer que aparte de guapa, era inteligente, y que cuando se empeñaba en algo, era constante y no le esquivaba a los esfuerzos. Siguió practicando yudo, hasta conseguir el cinturón negro, y se recibió de kinesióloga. Cada vez que venía a casa me buscaba para salir conmigo, íbamos a la academia, donde todavía varias de sus amigas seguían yendo más para cuidar el físico que por otra cosa. Ahí ejercitábamos y al estar más avanzada que yo me podía enseñar ciertas llaves más arriba de mi nivel. Cuando salíamos, siempre se preocupaba en cómo iba tanto en el estudio, en el yudo, y en mi vida personal. Ella fue la primera que me hablo de sexo, que me aconsejó que nunca hiciera nada si realmente no lo sentía; que no me dejara chantajear con el asunto del amor, que un polvo no cambia las cosas, y si realmente les cambia las cosas a ellos, es porque no te quieren. De ella, sabía que en un tiempo alquilaba un departamento con un joven, pero la relación no se cuál era, porque a casa nunca trajo a nadie. Empezó a trabajar cómo Kinesióloga en el hospital de la ciudad y en un centro privado, pero con lo que juntó más una hipoteca se instaló por su cuenta, y le iba bastante bien. De más está decir que cuando rendí la selectividad lo que elegí para estudiar, fue kinesiología. Se hizo una reunión familiar para acomodar el presupuesto, ya que había que alquilar algún departamentito, más los gastos de manutención y otras cosas corrientes, yo iba a buscar algún empleo con horario corto, aunque sea para mis gastos. Cuando mi mama le pidió a mi tía si buscaba algún departamento no muy caro para mí, se puso como una loca; que yo era de su familia; que estando ella allí no tenía por qué buscar sitio en otro lugar; y que si quería trabajar podía hacerlo en su consultorio y de paso practicaba de lo que estaba estudiando. No hizo falta que insistiera mucho, porque aparte de ser lo más lógico, podía guiarme; prácticamente se hacía cargo de mi estudio; y lo principal, yo estaba loca por convivir con ella, con mi mentora en todos los terrenos. Y así fue, tenía un departamento bien coqueto, con dos habitaciones, una con una cama de dos plazas con el baño adentro y la otra usaba el baño general que estaba al lado, muy bien instalado. Aunque yo hubiese preferido dormir con mi tía como cuando era pequeña, me tuve que conformar con la habitación más chica. Comencé ayudando en el consultorio, colocando los aparatos a los pacientes y preparándolos para que después ella les hiciera los masajes sin perder tiempo. Realmente ganaba mucho tiempo así, y me gustaba saber que mi presencia le estaba rindiendo frutos; no es que la kinesiología la estudiara solamente por imitarla, era porque me interesaba, y la teoría que aprendía en la facultad la asimilaba en la práctica ayudando a mi tía. A la mañana concurría a la universidad y a la tarde era cuando le ayudaba, siempre sin descuidar mi tiempo para estudiar. Me pagaba quinientos euros para que dispusiera de la forma como me pareciera: era una exageración por lo que hacía, pero buena parte la gastaba en cosas para la casa, tampoco quería aprovecharme del cariño que me tenía. Fueron pasando los meses, y cada vez agarraba más practica en el consultorio, por lo que ciertos masajes de relajación, con ciertas clientes me las dejaba a mí, y así fui tomando práctica, hasta el punto que algunas ya me las dejaba como mías. En lo personal, yo tenía libertad absoluta, confiaba no sin razón que cualquier inconveniente lo iba a consultar con ella; y yo hacía honor a la confianza que me tenía. Nuestro círculo de amistades no tenía nada que ver uno con otro. Mientras el de ella era un grupo consolidado de gente de aproximadamente su edad, el mío se resumía a compañeros de la universidad bastante circunstanciales. Algunos fines de semana solía salir y volver al otro día, pero cuando hacía eso me avisaba para que no me preocupara. Aquí la cosa se daba al revés; mientras ella vivía su vida a tope, yo era más retraída y si bien también salía con mis amigas a vivir la noche, lo mío era bailar, divertirme, pero no me iba ni la bebida en exceso, y menos pasar a cosas mayores. No iba de ligue, aunque tengo que reconocer que atributos no me faltan Me llamo Silvia, mido 1,71 sin tacos, soy más rubia que castaña; ojos color tiempo que variaban entre el verde y el gris según el reflejo, y anatómicamente no me podía quejar. No sufría por abundante pero lo que tenía estaba bien distribuido y bien firme, seguramente gracias a mi parte deportiva. En lo demás, si bien aquí ya no era esa proximidad cómo de pequeña, seguía fijándose y aconsejándome en todo lo que necesitara. Respecto al trabajo que cumplía en las tardes ayudándole, pasó una cosa que cambió mi vida.  Una cliente que siempre pedía por que fuera yo la que la masajeara, una tarde me ofreció 500 euros por ir dos horas a hacerle la sesión en su casa, porque quería que fuera en todo el cuerpo, me pareció una barbaridad, pero tampoco pensaba robarle una cliente a mi tía, quedamos en que lo iba a pensar, y que en la próxima sesión le contestaba. Me daba apuro decirle a mi tía lo que me pagaban por un simple masaje, por más que fuera en todo el cuerpo y que tardara dos horas, esa noche en la cena le comenté. -Claudia, (en ese tiempo ya me había pedido que ya nos llamáramos por el nombre) hoy Inés la que siempre viene por la cervical, me ofreció 500 euros por ir a la casa a hacerle un masaje completo en todo el cuerpo. - ¿Y tú que le contestaste? -Pues, que lo iba a pensar, no se me ocurriría quitarte una cliente por mucho que me pagaran; si quieres podríamos ponerlo cómo una entrada para el consultorio. - Silvia, ¿tú te animas hacer eso? – me preguntó riéndose. - ¿Y porque no me voy a animar? ¿no le veo la diferencia con lo que hacemos?, aunque aquí sea por partes, y allí tendrá que ser todo junto a una sola persona. - En eso tienes razón, pero el resultado que busca ella no es el mismo. - ¿Y qué es lo que busca aparte de unos buenos masajes? - Una buena masturbada por lo menos, eso es lo que busca. - ¿Quéeee? ¡Que se vaya a la mierda! que se la haga ella. - Espeera…, no te apures mujer, – dijo riendo – que 500 euros por una paja, tampoco es poca cosa. - Claudia, ¿pero eso no es parecido a ser prostituta? - ¡Silvi! Tú no tienes ni la puta idea de lo que es ser prostituta, tu ahí solamente tienes que usar tus manos adecuadamente, lo demás, será según lo que te dé la gana; si lo haces con inteligencia, hasta lo puedes hacer pasar como que es algo terapéutico. - ¿Tu lo hiciste alguna vez? - Pues sí, ¿o te crees que monté este salón con lo que me pagaban en el hospital? Nada más que no tuve la suerte que me apareciera tan pronto; a lo primero mientras estudiaba trabajé en un comercio y después cuando fui ayudante de kinesiología, tuve la oportunidad que tienes tu ahora, pero ni por asomo por ese dinero. - ¿Pero, tú dices que eso no está mal? - ¿Si tu consideras que está mal? ¡está mal! Por lo demás, no es algo que no hayas echo; ¿te produce rechazo hacérselo a una mujer? - ¡No! no es eso, peor sería hacérselo a un hombre. - Dime ¿te van las mujeres? – me quedé callada toda colorada – a ver. Hace rato que no hablamos de ti, yo pensé que siempre ibas a confiar en mi para cualquier cosa, ¿qué pasó que ya no me tienes confianza? - No es que no te tenga confianza, es que me daba vergüenza, yo te admiro, siempre te admiré y pensé que te ibas a alejar de mi si lo supieras. –dije casi llorando. - Boba, nunca me voy alejar de ti a no ser que tu quieras. ¿ves si me hubieras preguntado? Ibas a saber que yo más de una vez me comí un coño y no lo lamento. - ¿Qué a ti también te van las mujeres? Pregunte atónita - A mí me van las personas, si me gustan no tengo problema con la diferencia de género, la paso bien con las dos, ¿y tú cómo fueron tus primeros pinitos? - Es que no tengo ni pinitos ni pinos, más allá de un morreo, todavía estoy en el limbo. - ¿Qué vas a cumplir 19 años y me vas a decir que eres virgen? - No, eso no. – dije con la cabeza gacha - ¡Ah! Entonces empezaste con el sexo opuesto y no te gustó. - No, tampoco. - ¿Oye pero que paso, a ti también te llego el ángel Gabriel? - No digas eso; es que cuando llegué a los 17 me daba vergüenza que la única del grupo que estaba virgen era yo, y en ese entonces había un chaval que me estaba tirando los tejos era de los más apuestos de la clase, total, que le dije que iba a dejar que el me desvirgara en mi cumpleaños, pero que después no me viniera con rollos; y va que un día saliendo de clase, de casualidad escucho a ese gilipollas, contándole a los amigos como me iba a follar, y que después me iba a tener comiendo de su mano. Me agarró tal rabia que cuando llegué a mi casa, me fui al baño y me metí los dedos hasta partirme el himen, solucioné el problema y se me fue el complejo. - ¿Y cuándo cumpliste años que pasó? - Anduvo tras mío toda la fiesta, y a lo último cuando me preguntó cuándo hacíamos la cosa, le dije que había llegado tarde que ya estaba todo echo, que se fuera a desvirgar a su hermana y le diera de comer con la mano. Se echó a reír. – Así me gusta, esta es mi sobrina, pero a ver, no anduviste con hombres, no anduviste con mujeres, por lo menos sabrás masturbarte. -Bueno eso sí, pero de ahí a hacérselo a una señora, no sé…, tampoco que le voy a meter la mano en el coño como nada, y dale qué te da. - Claro que no; las dos saben de qué va, pero las dos quieren aparentar por lo menos a lo primero que a lo que van es a una sesión de masajes, pues aparenten y ya está, - Pero es que no sé, ella es muy mayor, no sé cómo tratarla, como empezar, después de todo se supone que también le tenga que masajear todo el cuerpo, - Que no es tan mayor, mira la ficha no llega a los cuarenta y que bien cuidada está, si hasta parece mucho más joven. - ¡Ahí sí! una niña, a ver si se me hace pis en la cama; cómo voy a aparentar con una mujer que me dobla la edad, y que tampoco está mal para no encontrar una cómo ella. -Pues si te habló a ti, es porque quiere a una que tenga la mitad de la edad que tiene ella. Mira, así no llegamos a ningún lado, vamos vente a la habitación tumbate en la cama que te enseño. No me lo podía creer, mi tía, mi adorada tía me iba a dar unos masajes; me fui más que corriendo a la habitación. - ¿Qué me saco? - La ropa, que va a ser, o es que tienes algo postizo también. - ¿Pero qué parte te pregunto? - Pues si el masaje es en todo el cuerpo tendrás que sacártela toda, o ¿ahora te va a dar vergüenza? - No, no…que va, es que no sabía cómo ibas hacer. - Como vas a tener que hacer tú si vas hacerle los masajes a Inés. Voy a buscar unas cremas así corren mejor las manos. Me desnudé rápidamente y me tiré esperando unos masajes que ni en mis mejores sueños, hubiese esperado. Me había cubierto con una toalla, no era por pudor, pero cuando masajeaba a alguien siempre lo hacía así. Me quitó la toalla dejándome con el culo al aire. -Tu sí que tienes con que sentarte. – me hizo poner colorada me echó un buen chorro de crema en la espalda que me hizo estremecer. -¡Mira!, tu empiezas por el cuello así ¿ves?, subes hasta las orejas; mientras le explicas;  te tienes que hacer un guion para no decir muchas tonterías, le hablas del estrés y de lo bueno que son los masajes relajantes, le pasas las manos por la espalda y aprovechas para tocarle un poco el costado de las tetas así ¿ves?, eso la va a empezar a poner cachonda, y sigues bajando por la columna, dibujándole las vértebras hasta llegar al culo; ahí tienes que tomarte tu tiempo, es un lugar especial, mira cómo aparte de darle los masajes en las nalgas, cuando pasas las manos por las ingles, con el canto le estas tocando el coño, se la vas pasando así (yo estaba en la gloria sentía el filo de la mano en mi raja, y es que el culo se me iba para arriba solo para darle más lugar) si explotas bien esta parte hasta le puedes sacar una corrida que ni Jesulin se la saca. - Después sigues por las piernas hasta llegar a los dedos. Ahí tienes que enterarte que es lo que le gusta, algunas le encantan que le acaricien entre los dedos, fíjate si no tiene hongos, si tiene pasa de eso porque se lo puedes contagiar a otras partes, a otras le da cosquillas y prefieren que les acaricies en la otra punta de la pierna. - Luego la haces dar vuelta; vuelves al cuello nuevamente y vas bajando, cuando llegues a las tetas no te cortes, se las agarras bien agarradas y las empiezas a sobar, si le gusta enseguida se le van a empitonar, así como las tuyas, ¿ves? Mira cómo se te ponen los pezones; joder como se sigan hinchando no te va alcanzar la piel; bueno vamos a seguir, (yo estaba como una cafetera, creo que me salía humo hasta por los ojos, y ella seguía en plan didáctico) por el abdomen, puedes hablarle de los músculos tensos o cualquier otra tontería, el asunto es hacerla desear, tú tienes que pensar que por más que te tardes en prepararte y eso, una hora por lo menos vas a tener que darle, entonces tienes que saber aprovechar los tiempos muertos. - Mientras tu estés exprimiéndole la barriga ella va estar pensando en lo que viene después, va estar ansiosa, la imaginación va ir más rápido que tú, hasta puede llegar a correrse antes que tu llegues, ¿si le pasa eso? ¡Tú! que muy bien, que eso le quita las tensiones, y sigue; sigue como si no hubiera pasado nada, si ves que te sobra tiempo, le pasas las manos por las caderas para darle tiempo a reponerse, y si no te sobra pues a las cosas, llegas hasta el pubis, le pasas las manos por las ingles y dejas que se vaya cocinando un poco; así como estas tu ¿ves? (¿así como estaba yo? Yo estaba tan cocinada que me chorreaba toda, pero ella seguía con la lección) y ahí cuando ves que está a punto le pasas el dedo corazón por aquí por el clítoris y. - Y nada Claudia, que si me llegas a tocar más, no me aguanto. – Dije cerrando las piernas con fuerza Me miro sonriéndose. -Boba ¿de verdad te crees que soy tan cabrona como para dejar a mi sobrina preferida con este calentón? anda, abre las piernas antes que todo esto se te vaya a la cabeza que puede hacerte mucho daño. – apenas me abrió los labios, por más que quise no pude evitar el orgasmo. - Parece que estabas grave, mira todavía como tienes las tetas, esto hay que desinflamarlo, y el mejor sitio para hacerlo es por aquí abajo. – creo que ahí aprendí para lo que mejor sirve el dichoso dedo corazón, me lo metió todo adentro mientras el pulgar me acariciaba el clítoris, lo hacía con una cadencia tan exquisita, que me tenía al borde de otro orgasmo, pero no me dejaba caer en él, mi cuerpo iba a lo suyo, la mano que me acariciaba las tetas me hacía sentir que en este orgasmo participaba todo mi cuerpo, por fin me vio tan entregada qué me introdujo otro dedo recorriendo todo el interior de mi vagina, sentí como que me derretía por el coño, no podía evitar los gemidos ni los saltos de mi cuerpo, buscando no sé qué, porque más placer que ese sería infartante. Al fin quede destruida tratando de recuperar la respiración, mi tía se sonreía mientras me acariciaba la frente y me miraba con los ojos brillantes. - ¿Siempre te corres así? Es un disfrute mirarte, hasta me hiciste calentar - Nunca me corrí así, y si te pude calentar quizá también te pueda enfriar. - Silvita, no te olvides que esta fue una simple lección no lo tomes como otra cosa. - No lo tomo como otra cosa, ¿pero si no me tomas examen como sabes si aprendí? - Mi vida, no insistas que como estoy hasta te puedo decir que si y eres mi sobrina. - Tía te digo la verdad, tengo que saber si aprendí, y si tu no pudiste dejar a tu sobrina caliente como estaba; yo no puedo dejar a mi tía preferida, así como está. – la miraba y sabía que era una guerra ganada. - Por favor desnudame tu. - Dijo despacito aproximándose. La fui desnudando y descubriendo lo hermosa que era, a pesar de todas las veces que la vi desnuda en la academia de yudo y aún en casa, (que más de una vez nos bañamos juntas), ese día fue cuando más guapa la vi. La dejé caer despacito en la cama, mientras nos mirábamos a los ojos, no se quién de las dos lo quiso hacer, o quizá fue culpa de las dos que nuestros labios se juntaran en un beso apasionado como nunca me habían dado. Nos abrazamos con pasión, nuestras tetas se buscaban al compás de nuestros besos; de pronto mi tía me separó. -Silvi, esto no es parte del examen, ¿acaso se lo piensas hacer a Inés? -No esto es solo para ti. -Pues entonces sigue con los masajes antes de pasar a cosas mayores. Le hice caso, le masajeé como había hecho ella, pero no la hice esperar tanto, sabía cómo estaba, y no quería hacerla sufrir; por la forma como se corrió mi tía, estaba segura de pasar el examen con buena nota. Esa noche dormimos juntas así desnudas después de unos arrumacos. La mañana nos despertó con el chillido de la alarma, todavía era temprano así que tuvimos tiempo de comentar lo que había pasado -Silvia, tú sabes que eres la persona que más quiero de la familia, ¿si me tengo que preguntar si me arrepiento de lo que hicimos? Me contestaría que no; si es que las cosas quedan ahí, y tú no piensas que es más de lo que fue. - No Claudia, sé que eres mi Tía y yo te adoro y no quisiera que nada cambie en nuestra relación, si yo también me tuviera que preguntar lo que sentí, te diría que me sentí en el cielo, como siempre que estoy contigo. Te quiero, pero no creo que sea el cariño de una persona enamorada, te quiero porque siento que eres mi mejor amiga, que siempre vas a estar para mí, y que quiero que sepas que siempre voy a estar para ti, para lo que sea. - Eso me tranquiliza, porque de la misma manera te quiero yo a ti, somos familia y somos amigas, el amor a veces va y viene, el cariño que nos tenemos es del que dura para toda la vida. - Bueno, pero no me diste la calificación del examen, no sé si estoy preparada para ir a lo de Inés o no. - La calificación es diez y si no se conforma que se vaya a la mierda; a no ser que quiera que le hagas una comida de coño, no va a tener de que quejarse. - Eso no, para hacer eso hay que estar muy enamorada. - O muy caliente. - Me lo hubieses dicho antes, que sabiéndolo, ayer bien pude haberme estrenado. - No va a faltar oportunidad, que yo me quedé con las ganas.

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